¿Sufres del Síndrome del agotamiento femenino?

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Cada vez son más las mujeres que tienen a su cargo infinitas tareas cotidianas, así como las que van surgiendo con el transcurso del día, como son emergencias de familia, salud o de relación. Lo anterior hace que los espacios de tiempo para dedicarse a su persona, disminuyan, y las lleva a una variante de depresión, que en pocas palabras se define con un “No puedo más”.

Si contáramos el día a día de estas mujeres, resultaríamos extenuados, y por encima de eso estaríamos sorprendidos de lo inverosímil que nos parecería. Por lo general realiza tareas dobles, ya que la que está haciendo es el preludio de alguna otra, como preparar la cena dejando organizada la comida del día siguiente.

Cada movimiento incluye la previsión de otro: colaborar con la tarea de los niños mientras la lavadora va cumpliendo su programa y ella piensa en las fotocopias que debe sacar para la firma del contrato del día siguiente para el cual ya tiene su ropa preparada. Apunta las medicinas que deberá comprar a su madre y planifica las actividades del día siguiente mientras toma una ducha aprovechando para dejar la bañera limpia y las toallas cambiadas.

Su jornada transcurre siempre entre cuatro o cinco tareas a un tiempo y transmitiendo la sensación de que puede eso y más y esa fuerza se transforma en un desafío personal: creer y mostrar que pueden todo.

Estas mujeres son candidatas a sufrir el “síndrome de agotamiento femenino”, una enfermedad silenciosa, escondida, cuyos síntomas y signos muchas veces se les escapan a las mismas pacientes, acostumbradas a no darles lugar a sus propias necesidades.

No es fácil encontrar mujeres que hablen de su agotamiento. Apenas se plantea el tema  muchas advierten: “Es lo que me pasa a mí”, pero a la hora de poner en palabras ese malestar surgen los sentimientos de vergüenza, porque para ellas, el cansancio es algo íntimo. Quieren demostrarse y demostrar que pueden con todo.

Uno de los síntomas tiene que ver con una modificación en las relaciones que se establecen dentro de la casa; el cansancio, el exceso de obligaciones y responsabilidades provoca que la mujer vaya retirando el afecto de sus vínculos, que se torne un tanto más irritable y que lo único que puede interesarle, al terminar la última tarea de lo que parecen ser jornadas  sin fin, sea acostarse y dormir.

Cuando una mujer se siente agotada disminuye sus recursos y los demás no perciben que lo que le pasa es que está exhausta: creen que tiene sueño, que es por el clima o hasta que está con la regla.

Ella, por su parte no termina de captar el nivel de agotamiento y cansancio que constituye la base de esta patología, tan importante, que no tratada puede conducir a despersonalización y depresión.

mujer-cansadaLa Licenciada Sonia Tessa especialista en el tratamiento del Síndrome de agotamiento Femenino, agrega: “Quiere ser competente y competitiva en el trabajo”. No puede permitirse descuidar la casa, porque es su responsabilidad aun cuando tenga quién “la ayude”. Vela por el bienestar de todos los que la rodean.

Mientras tanto, sigue la exigencia de demostrar su capacidad laboral, la organización doméstica y el cuidado de toda su familia. Aunque desearía con toda el alma que alguien se hiciera cargo de las situaciones, es incapaz de pedirlo, y si la ayudan, piensa que están poniendo en duda su capacidad.

Una mujer que parece inagotable, que siempre puede algo más, o cree que lo puede, es la mujer en la que el proceso del agotamiento alcanzará niveles tan profundos que la dejará presa de una depresión que le imposibilitará continuar adelante.

Tienen conciencia de que se exceden en su eficacia y que deberían disminuir actividades o delegar responsabilidades en alguien más pero siempre les resulta más sencillo, renunciar a espacios propios que delegar algo en alguien. El síndrome recae en la mujer que, por una cuestión de género, es más propensa a ocupar ese lugar.

¿De qué se trata la diferencia con los hombres?

De lo natural que resulta para ellos decir que no, aceptar que no pueden ir a la fiesta del colegio de su hijo si están trabajando y no sentirse culpables, o ejercer su deseo de disfrutar de un partido de fútbol con amigos. Para ellos, basta con “ayudar” en las tareas domésticas, y la responsabilidad compartida es -en el mejor de los casos- una consigna que se deja fácilmente de lado por los intereses propios. Agrega la Licenciada Tessa.

Las mujeres que están agotadas suelen sentirse “insustituibles, considerar que las demandas y las responsabilidades son todas impostergables e indelegables”. También aparecen “la irritabilidad, el aislamiento, la dificultad para relacionarse con los otros”.

También les ocurre a  mujeres cuyos hijos ya crecieron, pero que ahora deben hacerse cargo de sus padres, enfermos o ancianos.

“No se trata de resignar lugares como el cuidado de los hijos  o la vocación, de lo que se trata es de asignar prioridades y compartir responsabilidades”.

La propuesta es prestar más atención a las propias necesidades, para dejar de correr como una bombera voluntaria ante las demandas de los demás. El objetivo que plantean las profesionales es comenzar un camino que disminuya el agotamiento para encontrar que se puede vivir sin intentar tapar todos los agujeros. Claro que habrá una renuncia, pero la sensación de agobio, de cansancio infinito, irá cediendo, hasta desaparecer.

Una cosa a la vez.

 

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